*1ª parte (de 3)*
Cada día resulta más frecuente que al llamar a un banco, a un servicio de información o de venta, sea un operador automático en vez de una persona en el que nos atienda.
Quizá por la “deformación profesional” que puede causar mi dedicación a la arquitectura de información y al diseño de interacción, me paro a pensar cómo se dejan utilizar estos operadores automáticos y sobre todo porqué hay veces que termino colgando el teléfono sin haber conseguido lo que pretendía. ¿Qué es lo que falla? y ¿qué se podría mejorar para que la experiencia con ellos resultara más satisfactoria?
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