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Dejar de preguntar lo que no te saben responder

Hoy, de repente, me he descubierto a mí misma contándole a un cliente (que a su vez tiene otro cliente) que, cuando alguien tarda demasiado en responderte una pregunta, la solución no es volver a hacérsela, sino darse cuenta de que ni siquiera tenías que habérsela hecho.

Por ejemplo, cuando le propones a un cliente agrupar temáticamente las noticias que genera para facilitar su consulta a los usuarios, les preguntas cuáles podrían ser esos temas, pasa una semana y no te los saben decir.

O cuando les propones que a sus contenidos se les puedan poner tags, les explicas qué es un tag y ni siquiera saben decirte si lo quieren o no.

Y si además viendo lo que tienen ahora, te das cuenta de que hasta les resulta difícil mantenerlo en condiciones, seguramente les estás proponiendo algo para lo que no están preparados.

Creo que no se trata sólo de tener en cuenta el nivel de experiencia o habilidad en Internet que tienen los usuarios a los que se dirige un sitio web, sino también la que tienen los propios dueños de ese sitio.

Hacerles preguntas que ni siquiera saben responder, proponerles cosas que aún no saben ni que existen, o al menos proponérselas todas de golpe, puede que sólo les lleve a asustarse por no saber conducir la moto que les estás proponiendo fabricar.

A veces, con los clientes, se trata de empezar por una bici pequeña, luego quitar los ruedines de atrás, después tener el primer vespino…